Me dicen que es un clásico. Alguien, entusiasmado (y en mayor medida ingenuo) asegura que “es una de las mejores películas del género del terror, categorizado en manifestaciones espectrales, que vas a ver en toda tu miserable vida”. Omito el calificativo con el que se intenta suavizar mi existencia; acaso no sea tan errado como el resto de las falacias con las que este desconocido atenta, desvergonzadamente, al buen gusto. “¿Cómo dice usted se llama esta joyita terrorífica que, extrañamente, no figuraría en mi ya comprimida videoteca?” inquiero, y la respuesta es casi tan tenaz como mi pregunta: “Sustitución falaz”. Insistole, incrédulo amigo: Sustitución falaz. ¿Qué podría esperar de un film que responde a un título semejante? una película que contradiga mis nefastas expectativas, desde ya. Un argumento inexplorado. Un guiño sorpresivo del director, un silencio escalofriante; una mujer desdentada acechando al protagonista, con el mango de una sierra colocada estratégicamente dentro de su contorsionada entrepierna, caminando hacia él en cuclillas mientras recita, por qué no, “La divertidísima canción del Diantre” del gran Lamborghini. Una teta ensangrentada, por lo menos. Algo que despierte mi interés. Algo que, incluso, no tenga que ver con el terror. Se trata de remontar a cualquier precio una obra, cualesquiera sea, “Sustitución Falaz” en este caso, a partir de la lectura de su título. No me importa que sea una traducción ineficaz, una gracia del encargado del doblaje. Que una película, ya en Argentina, ya en Malasia, responda a ese nombre catastrófico y su director no haga un revuelo mediático al respecto, es suficiente como para, insisto, esperar algún tipo de retribución como espectador. Y sí; no dos, no tres. Una, por lo menos. Una sola teta. Un recurso tan bajo y facilista… y ni siquiera ese sutil esfuerzo.
A partir de haber visto una película como esta escoria intolerable, es que he vuelto a pensar en fomentar en otros la motivación por crear el Sindicado de espectadores. ¿Porque por qué si un guionista que ha escrito un texto de esta escatológica índole tiene (amén de la impoluta desfachatez) el derecho de adherirse al “paro de guionistas”, no podemos hacer nosotros, entonces, nuestro merecido “paro de espectadores”? ¡Imagínense! marcharíamos en comunión agitando carteles que rezaran títulos como “The Changeling” “The Butterfly Effect II” “Zack and Miri make a porno”, todos con su respectivo simbolo de prohibición encima. Cinéfilas adolescentes y el afamado Hurley Reyes porteño, sosteniendo cada uno a sus extremos una bandera con la única leyenda “J. J. Abrams” y, acaso, uno o dos besos plasmados con el rouge de las militantes sobre aquel nombre. No olvidemos, tampoco, a los carteles que plasmen la cara del Che Guevara, agitándose por sobre nuestras cabezas, presentes religiosamente en cualquier manifestación, incluso en ésta. ¿No es esa, goloso lector, la que usted llamaría una idea brillante? Pues le cedo los derechos de mi invención. Tiene usted mi codiciado permiso para ponerla en marcha. Personalmente, no asisto a ningún tipo de acontecimiento social en el que no se me adule, toque u ofrezca alcohol gratis. Y mucho menos lo organizo.
Pero, estimados, es hora de dejar de perdernos en los seductores cánticos de proyectos fantásticos. Dejenme graficarles el por qué de mi rechazo para con este círculo inclasificable de acontecimientos ridículos que me resultó "Sustitución falaz". Puntualizaré sólo en el más increíble de todos, en el que se ha reído con auténtico descaro de mi intachable reputación como observador crítico. Se trata de los primeros minutos. Sin entrar en detalles respecto de la sinopsis, en ésta, la primera secuencia, vemos a una familia (niña, madre, padre) a la que su auto le ha manifestado una falla mecánica que, sin más, produjo el detenimiento de sus funciones primarias. El auto, en efecto, ha dejado de funcionar. La familia, claramente gozosa de genes perspicaces, decide empujarlo. He olvidado mencionar que el escenario es una ruta solitaria cubierta de nieve, adornada únicamente por árboles y una insólita cabina telefónica. Es decir, un guionista ha decidido dibujar una cabina telefónica en medio de una ruta solitaria cubierta de nieve. Y no conforme con eso, (y a favor de esta conclusión es que apuesto, una vez más, mi sobresaliente desempeño sexual) nuestro microbiótico bufón ha fantaseado con que el resto de su monólogo descompuesto sea tomado con credibilidad.
Por suerte, un año más tarde, en 1981 para ser exacto, quien fuera uno de los guionistas de “Sustitución Falaz” (pues la realidad no sólo supera a la ficción sino que la desvirtúa: dos escritores; ninguno que reparase en la idea del otro respecto del surrealismo que implicaría la disposición de la cabina. Pero ¡por el grial saborizado que es mi cañón! ¡si hasta acaso la hayan festejado juntos!) Quien fuera uno de ellos, decía, asumió su condición y entintó su pluma para dibujar las aventuras del primer experimento teatral inoperante y aún así exitoso Chuck “Texas Ranger” Norris, en la comedia infantil “An eye for an eye”.
Subrayo, para aquellos lectores despistados, que he dicho Chuck Norris, más no Kiefer Sutherland. Evitemos confundir films por mas (sino exactos) similares que sean sus títulos.
He aquí una imagen dedicada a aquellos escépticos (cabría aclarar que el esceptisismo para con mi palabra, según un estudio realizado en la prestigiosa Universidad Bobby Fisher, sita en Palembang, Indonesia, es una secuela de carácter sexual relativo a la impotencia) que se hayan atrevido a poner en duda mi honestidad:
A partir de haber visto una película como esta escoria intolerable, es que he vuelto a pensar en fomentar en otros la motivación por crear el Sindicado de espectadores. ¿Porque por qué si un guionista que ha escrito un texto de esta escatológica índole tiene (amén de la impoluta desfachatez) el derecho de adherirse al “paro de guionistas”, no podemos hacer nosotros, entonces, nuestro merecido “paro de espectadores”? ¡Imagínense! marcharíamos en comunión agitando carteles que rezaran títulos como “The Changeling” “The Butterfly Effect II” “Zack and Miri make a porno”, todos con su respectivo simbolo de prohibición encima. Cinéfilas adolescentes y el afamado Hurley Reyes porteño, sosteniendo cada uno a sus extremos una bandera con la única leyenda “J. J. Abrams” y, acaso, uno o dos besos plasmados con el rouge de las militantes sobre aquel nombre. No olvidemos, tampoco, a los carteles que plasmen la cara del Che Guevara, agitándose por sobre nuestras cabezas, presentes religiosamente en cualquier manifestación, incluso en ésta. ¿No es esa, goloso lector, la que usted llamaría una idea brillante? Pues le cedo los derechos de mi invención. Tiene usted mi codiciado permiso para ponerla en marcha. Personalmente, no asisto a ningún tipo de acontecimiento social en el que no se me adule, toque u ofrezca alcohol gratis. Y mucho menos lo organizo.
Pero, estimados, es hora de dejar de perdernos en los seductores cánticos de proyectos fantásticos. Dejenme graficarles el por qué de mi rechazo para con este círculo inclasificable de acontecimientos ridículos que me resultó "Sustitución falaz". Puntualizaré sólo en el más increíble de todos, en el que se ha reído con auténtico descaro de mi intachable reputación como observador crítico. Se trata de los primeros minutos. Sin entrar en detalles respecto de la sinopsis, en ésta, la primera secuencia, vemos a una familia (niña, madre, padre) a la que su auto le ha manifestado una falla mecánica que, sin más, produjo el detenimiento de sus funciones primarias. El auto, en efecto, ha dejado de funcionar. La familia, claramente gozosa de genes perspicaces, decide empujarlo. He olvidado mencionar que el escenario es una ruta solitaria cubierta de nieve, adornada únicamente por árboles y una insólita cabina telefónica. Es decir, un guionista ha decidido dibujar una cabina telefónica en medio de una ruta solitaria cubierta de nieve. Y no conforme con eso, (y a favor de esta conclusión es que apuesto, una vez más, mi sobresaliente desempeño sexual) nuestro microbiótico bufón ha fantaseado con que el resto de su monólogo descompuesto sea tomado con credibilidad.
Por suerte, un año más tarde, en 1981 para ser exacto, quien fuera uno de los guionistas de “Sustitución Falaz” (pues la realidad no sólo supera a la ficción sino que la desvirtúa: dos escritores; ninguno que reparase en la idea del otro respecto del surrealismo que implicaría la disposición de la cabina. Pero ¡por el grial saborizado que es mi cañón! ¡si hasta acaso la hayan festejado juntos!) Quien fuera uno de ellos, decía, asumió su condición y entintó su pluma para dibujar las aventuras del primer experimento teatral inoperante y aún así exitoso Chuck “Texas Ranger” Norris, en la comedia infantil “An eye for an eye”.
Subrayo, para aquellos lectores despistados, que he dicho Chuck Norris, más no Kiefer Sutherland. Evitemos confundir films por mas (sino exactos) similares que sean sus títulos.
He aquí una imagen dedicada a aquellos escépticos (cabría aclarar que el esceptisismo para con mi palabra, según un estudio realizado en la prestigiosa Universidad Bobby Fisher, sita en Palembang, Indonesia, es una secuela de carácter sexual relativo a la impotencia) que se hayan atrevido a poner en duda mi honestidad:

Como bien saben sus madres, estimados, no soy un hombre de poco calibre. Invitoles, tanto a ustedes como a sus primas quinceañeras, a estudiar esta misma escena, ahora en movimiento. Aquellos osados, de quererlo, pueden aventurarse a ver la película entera. Tendrían que hacer click aquí, veran. Sus primas, en cambio, click aquí. No olviden que este espacio les otorga el privilegio de comunicarse conmigo vía “comentarios” pues no me atrevería a dejarlos exentos de transmitirme sus preponderantes elogios, mis estimados amigos.
Finalizo mi escrito con este abrazo fraternal para quien lea, y con esta pija caliente para tu hermana Elena, dijera el inmortal Doctor Tangalanga.
Hasta mañana.
